ENRIQUE URQUIJO
Música, memoria y emociones
Una historia personal y una propuesta para trabajar las emociones en grupo.
1. Una pequeña biografía de Enrique Urquijo
Enrique Urquijo Prieto (Madrid, 1960–1999) fue cantante, compositor, guitarrista y bajista, y una de las figuras más sensibles y reconocibles del pop español surgido alrededor de la Movida madrileña.
Junto a sus hermanos Javier y Álvaro formó inicialmente Tos y sposteriormente Los Secretos. Fue autor e intérprete de muchas de las canciones más recordadas del grupo, entre ellas “Déjame”, “Ojos de gata” y “Quiero beber hasta perder el control”.
En paralelo a Los Secretos desarrolló un proyecto más íntimo, Enrique Urquijo y Los Problemas, donde interpretaba canciones propias y versiones, con una especial cercanía hacia la guitarra, las rancheras y otros estilos que le permitían expresarse de una manera más personal.
Su obra se caracteriza por una mirada muy humana sobre la tristeza, el amor, la soledad, la espera, la pérdida y los sentimientos difíciles de expresar.
Falleció en Madrid el 17 de noviembre de 1999, a los 39 años. Su música continuó viva y su legado permanece hasta hoy.
Más que presentar a Enrique solamente como un músico marcado por la tristeza, resulta interesante recordarlo por su extraordinaria sensibilidad y por su capacidad de transformar emociones complejas en canciones que todavía permiten a otras personas reconocerse en ellas
2. Mi encuentro con Enrique
Cuando conocí a Enrique Urquijo yo estaba ingresada en la Clínica Machachuset, en Madrid, debido a un estado depresivo.
Al principio permanecía en mi habitación, pero cuando pude salir y compartir con las demás personas, descubrí a un grupo de adultos mayores con quienes empecé a conversar y a acompañar.
Ese encuentro me ayudó a superar mi propio estado, porque fui descubriendo que ellos cargaban con sufrimientos muy profundos. No dejaban de contar las mismas historias de sus traumas y de sus experiencias vividas durante la Guerra Civil española.
Un día caminaba por uno de los largos pasillos junto a uno de aquellos abuelos. De pronto observé que, en sentido contrario, venía Enrique Urquijo acompañado por otro abuelo.
Más tarde, cuando pudimos conversar, me enteré de que aquel hombre también le contaba a Enrique, una y otra vez, los mismos traumas.
A partir de ese momento nos hicimos amigos.
Pasó un tiempo. Yo salí de la clínica antes que Enrique y nos despedimos con la promesa de encontrarnos cuando él se hubiera recuperado.
3. Una velada de guitarra y canciones
Un día, su hermano lo llevó a mi casa.
Yo vivía muy cerca del Valle de los Caídos, en un condominio llamado El Guijo, junto a mis tres hijas.
Mi exmarido me había abandonado y yo estaba sola con ellas.
Mientras yo trabajaba, mis dos hijas mayores cuidaban de su hermanita pequeña, que tenía solo tres años. Ellas tenían quince y dieciocho años.
Cuando llegó Enrique, pasamos una velada maravillosa de guitarra y canciones, porque a mis hijas también les gustaba cantar.
Yo les observaba embelesada.
Con el tiempo descubrí que a mis hijas les había atraído aquel joven.
Y yo, a pesar de que ya comenzaba a sentir algo por él, di marcha atrás a mis propios sentimientos.
Hubo más visitas. Mis hijas acudieron también a algunas de sus presentaciones.
Hasta que un día Enrique intentó decirme algo, insinuarse, pero yo no escuché.
Él se marchó en silencio.
Cuando llegó el momento de regresar a mi país, lo llamé para despedirme.
Entonces me dijo unas pocas palabras que en aquel momento no comprendí en toda su dimensión:
“Yo sigo igual, aquí en mi sillón esperando.”
Hoy, al recordarlas, pienso en todo lo que no escuché entonces.
Hay palabras que solo comprendemos muchos años después.
Y algunas llegan demasiado tarde para poder responderlas.
4. “Colgado”: una canción que quedó en mi memoria
Enrique también me habló una vez de “Colgado”.
Me dijo que la había pensado mirando un cuadro de mi casa.
En aquella época yo estaba recién separada y esperaba poder regresar a Chile en dónde tenía a mis familiares...
Hoy, al recordar ese momento, la imagen del cuadro me resulta especialmente significativa.
Yo también estaba, de alguna manera, suspendida: entre una vida que terminaba y otra que todavía no comenzaba.
“Nada que hacer.
Nada que hacer" decía parte de su canción y en esos momentos no había nada más que hacer que quedar como un cuadro colgado.
También recuerdo que Enrique me dedicó “Adiós tristeza” cuando le llamé para despedirme.
Hoy, al volver a esas canciones, siento que la música ha conservado algo de aquella época de mi vida.
Son recuerdos que permanecieron suspendidos durante años y que pueden volver de pronto cuando una canción, una noticia o una imagen abre la puerta de la memoria.
5. Lo que esta historia puede aportar a mi trabajo con las emociones
La historia de mi encuentro con Enrique puede servir como punto de partida para trabajar con el grupo la relación entre música, memoria y emociones.
No se trata de interpretar una canción de una única manera, sino de permitir que cada persona encuentre en ella su propio recuerdo o sentimiento.
La nostalgia
¿Qué canción nos lleva inmediatamente a una época de nuestra vida?
La espera
¿Qué significa estar esperando algo o a alguien?
¿Hemos vivido alguna vez un período en que sentimos que estábamos suspendidos?
Lo que no dijimos
¿Hay palabras que alguna vez quisimos decir y no encontramos el momento?
La tristeza
¿Qué hacemos con la tristeza cuando aparece?
¿Puede transformarse en algo creativo?
El acompañamiento
¿Cómo puede ayudar a otra persona simplemente escucharla y acompañarla?
La memoria
¿Qué recuerdos despiertan las canciones?
¿Por qué algunas canciones permanecen intactas durante tantos años?
Los vínculos
¿Qué personas han dejado una huella en nuestra vida, incluso si estuvieron poco tiempo?
6. Propuesta sencilla para una sesión de teatro terapia
1. Escuchar una canción de Enrique Urquijo elegida previamente.
2. Pedir a cada participante que nombre una sola emoción que la canción le haya despertado.
3. Invitar a recordar una canción asociada a un momento importante de su propia vida.
4. Escribir durante unos minutos una frase que nunca dijeron, o una frase que les hubiera gustado escuchar.
5. Convertir esa frase en una pequeña escena, monólogo o diálogo.
6. Cerrar el encuentro preguntando:
“¿Qué emoción me llevo hoy?”
Personalmente digo que:
"Las canciones también guardan memoria" y que
"A veces una canción queda suspendida durante años y vuelve cuando estamos preparados para escucharla de otra manera"
Adiós amigo, perdón si no comprendimos tu sensibilidad y tú dolor interno, aunque en un momento lo percibí y sentí estábamos unidos observando el mismo cuadro pegado en mi pared y sintiendo esa frase de tu canción "nada que hacer'
Hoy desde donde estas te veo sonriendo y apoyando a los tuyos desde ese otro plano en dónde todos algún día nos encontraremos y diremos: !Bienvenida alegría y adiós tristeza!!

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